La situación laboral, la educación a distancia, las relaciones interpersonales, la constante inestabilidad política y las próximas elecciones son algunos de los temas que agobian a los peruanos. ¿Cómo llegar al bienestar cuando la coyuntura impacta con fuerza? La respuesta podría encontrarse en la neurociencia.

“Un estudio de Dan Gilbert, profesor de psicología en la Universidad de Harvard, constata que aquellos cuyos pensamientos están en el presente reportan muchas más emociones positivas”, explica Steven Poelmans, profesor de neurociencias.

De la pandemia y sus efectos en la vida (como la conocíamos) se ha hablado, y mucho. Ha provocado que pongamos la lupa sobre la salud mental. Es complicado mencionar ‘bienestar’ en las videollamadas con familiares o amigos cuando la crisis sanitaria y política golpean con más fuerza. A modo de guía, el Dr. Steven Poelmans, especialista en liderazgo y coaching intercultural, reflexiona cómo podemos encontrar la felicidad incluso en una situación atípica como la que estamos viviendo. Para eso explica, como si fuéramos alumnos, en qué cosiste la felicidad.

La felicidad tiene tres capas y la más fundamental es la biológica. “Hablamos de sobrevivencia. Tiene que ver con la comida, la vivienda, la seguridad. Va asociado a los circuitos neuronales en el cerebelo relacionado con la recompensa. El problema con este primer nivel es el fenómeno de la habituación [de la recompensa]. Para alguien hambriento, un plato puede ser un festín. Ese mismo plato, para quien tiene alimento todos los días, puede ser motivo de infelicidad. Es en función a lo que estás acostumbrado”.

El segundo nivel tiene que ver con el bienestar social y cómo uno se relaciona con su entorno. “Sigue una lógica similar (a la habituación) pero hay algo más: las relaciones sociales no siguen una lógica de recompensa. Son transaccionales”. Por último, está la capa relacionada a la autorrealización. “Una vez que están establecidos los dos primeros niveles, cualquier ser humano tiene necesidad de realizarse dentro de su grupo social: tiene valor, algún tipo de aporte. Hacerlo depende de cada persona”.

La pandemia ha complicado la situación laboral de muchos peruanos. Difícil que piensen en la segunda o tercera capa de la felicidad cuando ni siquiera tienen la primera, mucho menos preocuparse por su bienestar o salud mental…

El bienestar no es un tema de lujo o de altruismo, es elemental. La relación entre el bienestar y performance laboral es directa. Podemos poner un argumento neurocientífico: se muestra que altos niveles de estrés o prolongados, literalmente, van a dificultar el funcionamiento del córtex prefrontal (sede de la inteligencia donde está la capacidad de decidir). Si se ve afectado algo tan fundamental, pierdes la cabeza de alguna forma. Está claro que si por ejemplo una empresa que quiere aumentar la productividad, lo puede hacer a través del bienestar de los trabajadores.

El contrato típico de “te pago para que trabajes” es muy limitado. Hay mayor posibilidad de ganancia en “te doy un entorno inclusivo donde te puedes desarrollar y tener relaciones armónicas con tus colegas”. Eso es el principio de la reciprocidad y la humanidad funciona así.

“Una forma de esperanza (que puede ser fuente de felicidad) es el sentido de comunidad. Mi esposa peruana me cuenta que cuando hubo la devaluación, hicieron ollas comunes. Eso no vas a verlo acá”, dice el profesor belga Steven Poelmans, autor de 6 libros sobre bienestar y desempeño organizacional.

El teletrabajo es una modalidad que muchos peruanos están experimentado por primera vez. Lo mismo con la educación virtual. ¿Cómo encontrar bienestar en situaciones donde se han impuesto estilos de trabajo y educación?

Ese tema lo estoy estudiando desde hace mucho, muchísimo antes de la pandemia. Se había demostrado que las personas que trabajan desde casa son más productivas porque pueden seguir su propio ritmo y tienen mucha más autonomía. La pandemia nos ha forzado a entrar en ello a pasos acelerados. Mucha gente no vive como un aumento en su autonomía, sino como una obligación. ¿Cómo podemos ser más felices? Primero, ser agradecido.

La pandemia nos ha propulsado en este mundo virtual que tiene muchas ventajas: alejarse del tráfico. Moverse en Lima desde el punto A hasta el punto B es un desastre. A nivel de conflicto entre trabajo y familia algo muy importante es que, en el traspaso de un lugar a otro, tienes un tiempo de desconexión: te permite bajar el estrés acumulado en el trabajo. Se ha perdido eso porque, literalmente, acabo de trabajar, pasas una puerta o solo te levantas y estás en la cocina.

No hay tiempo para dejar atrás tu trabajo y cambiar tu chip y estar realmente en casa con tus seres queridos. Podemos seguir concepto del Fake Commute: al acabar el trabajo, sales de su casa para, al menos dar una vuelta y “volver a casa”. Es una recomendación muy concreta que es sumamente saludable. Te da un poco de aire.

Otro punto que agobia a los peruanos es la política: funcionarios vacunados en secreto, constante inestabilidad, próximas elecciones. ¿Cómo decirles a las personas que trabajen en su bienestar cuando la coyuntura no trae buenas noticias?

Simpatizo completamente con el pueblo peruano. Una persona que está en un puesto político, elegido por el pueblo, tiene como función servir, no el privilegio. Lamentablemente tienen el virus del egoísmo. Esa es la base de toda la misera. Tenemos que elegir líderes con ganas de servicio. Eso también vemos en las empresas. En plena la crisis financiera, por ejemplo, hubo CEOs de bancos grandes de Estados Unidos que se llenaron los bolsillos antes que su banco quebrara.

En la Segunda Guerra Mundial hubo un señor llamado Viktor Frankl, sobreviviente de tres campos de concentración. Él y otras personas pudieron sobrevivir porque tenían una razón para despertarse por la mañana: ayudar a ese chico con el que estoy compartiendo mi miseria aquí. Hay felicidad en compartir y ayudar a la persona que tenemos al lado.

Aquellas personas que están en situación de ofrecer su hombro a otro que está solo, háganlo. No hay que ser un especialista en salud mental para dejar que alguien ponga su cabeza en nuestro hombro y llore. Desfogar es terapéutico. En tiempos terribles, el servicio [a los demás] es lo que siempre nos ha salvado.

Steven Poelmans es profesor de neurociencias y liderazgo estratégico en Antwerp Management School. Es, además, creador del primer Laboratorio de Neurociencias Aplicadas para las Organizaciones. Su investigación y consultoría se centra principalmente en el vínculo entre el bienestar y la productividad de los trabajadores principalmente desde una perspectiva neurocientífica o intercultural.

¿Qué características necesita un buen líder (tanto de un país como una empresa)?

Un líder necesita cada vez más poder reflexionar sobre la complejidad de su entorno. Si tienes mucha estabilidad en un país o en una organización, a lo mejor un estilo de liderazgo te ayuda en ser exitoso porque encaja con esta empresa. El mundo es cada vez más complejo y multidisciplinario, tienes que trabajar con gente de diferentes culturas, diferentes estudios, diferentes empresas, personalidades. Además, el mundo es muy impredecible y volátil.

En cualquier momento puede haber una crisis sobre la que todavía estamos viviendo. En estas circunstancias un buen líder se sabe adaptar a muchas situaciones diferentes. Hemos concebido a este concepto de liderazgo como liderazgo paradójico, es decir, polifacético. Hace estos cambios de forma natural. En Bélgica estamos descubriendo que es una fase del desarrollo. Es mucho más fácil quedarte en un estilo de liderazgo que sabes que te funciona que tener que cambiar continuamente, es mucho más desafiante.

Si antes era complejo entender y llegar a la felicidad, ¿cómo hacerlo en plena pandemia?

La felicidad ocurre entre lo que esperas que pase y lo que está ocurriendo. Si estoy esperando X y la vida me da X+2, voy a estar feliz porque la vida me está sorprendiendo; si me dan X-2, voy a estar frustrado e infeliz. Si el entorno cambia -como ahora- hay que ajustar las expectativas. No puedes esperar lo mismo. Ahora, la felicidad es un concepto subjetivo.

Nos podemos basar en los estudios de Dan Gilbert, profesor de psicología en la Universidad de Harvard, que analiza la felicidad desde las experiencias. En un estudio, te mandan un mensaje al celular y te preguntan tres cosas: qué estás haciendo, en qué estás pensando, cómo te sientes.

La mayoría de pensamientos están en el pasado (buenos recuerdos o pendientes por solucionar) o en el futuro (lo que hay por hacer). No estamos en el presente. El estudio constata que aquellos que dicen que piensan en lo que están haciendo, reportan muchas más emociones positivas. Eso nos dice que la felicidad está en el aquí y ahora. Saber apreciar lo que tienes en cada momento.

 

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