Una institución científica de la talla del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) no puede permitirse mantenerse al margen de los últimos hallazgos en mecánica cuántica. Lo reconoció sin tapujos Fabiola Gianotti, la directora general de esta organización, durante la presentación el pasado mes de junio de la iniciativa QTI (Quantum Technology Initiative).

La puesta en marcha de este plan es toda una declaración de intenciones: el CERN va a utilizar su arsenal tecnológico y sus recursos humanos para no quedarse fuera de la «segunda revolución cuántica». Y, además, ya tiene en mente algunos de los campos en los que piensa aplicar el conocimiento que espera adquirir gracias a este esfuerzo científico. No obstante, su mención a una segunda revolución en mecánica cuántica nos invita a preguntarnos cuándo se produjo la primera revolución cuántica.

La física cuántica nació durante las primeras décadas del siglo XX gracias a los trabajos de gigantes como Max Planck, Albert Einstein, Louis de Broglie o Erwin Schrödinger, entre otros grandes científicos

La física cuántica nació durante las primeras décadas del siglo XX gracias a los trabajos de gigantes como Max Planck, Albert Einstein, Louis de Broglie o Erwin Schrödinger, entre otros grandes científicos. Sus descubrimientos han hecho posibles de forma directa o indirecta muchas de las innovaciones con las que todos estamos familiarizados, como el láser, el circuito integrado o la navegación por satélite. Esta fue, precisamente, la primera revolución cuántica.

El CERN ya planea cómo va a utilizar este conocimiento

Antes de seguir adelante, un apunte interesante: la máquina que podéis ver en la fotografía de portada de este artículo es un dispositivo diseñado por los investigadores del CERN para atrapar partículas de antimateria. Además de esta sorprendente utilidad, la trampa AEgIS 1T, que es como se llama este ingenio, participa en un experimento que persigue explorar el entrelazamiento natural de los fotones a partir de la aniquilación de los positrones.

La antimateria no es más que una forma de materia constituida por antipartículas, que son partículas con la misma masa y espín que las partículas con las que estamos familiarizados, pero con carga eléctrica opuesta. Es una idea algo enrevesada, pero podemos ilustrarla fácilmente si nos fijamos en que la antipartícula del electrón es, precisamente, la partícula que hemos mencionado en el párrafo anterior: el positrón.