Catelo es uno de esos filósofos que lleva años mejorando la vida de los demás por medio de sus dotes curativos como médico y su experiencia como instrumento de paz, lo cual inmortalizó con su obra “Más paraíso, Menos infierno”. De él, hace ya 15 años aprendí la canción de Julio Iglesias “La vida sigue igual”, una letra escrita con el poder de reconfortar a alguien que está pasando un momento duro en la vida: 

Siempre hay por quién vivir y a quién amar
Siempre hay por qué vivir, por qué luchar
Al final las obras quedan, las gentes se van
Otros que vienen las continuarán, la vida sigue igual

Aprovecho en expresarle mi pésame y recordarle esas letras, ante la sensible partida de doña Ana, señora dorada que todo lo transformaba en oro, a quien conocí por casualidades del amor y la vida, recuerdo lo alegre que era y la amabilidad que la investía.

Así como ese sanador, la mayoría de personas estamos pasando momentos duros en esta pandemia. Muchos tristes por la pérdida de una abuelita, de un amigo, del doctor de cabecera, de una persona que ha dejado una huella en la vida.

Además, esto se mezcla con la sensación de pérdida de esperanzas ante los negocios que se cierran, trabajos que se pierden y salarios que se reducen. El desliz de clases sociales, en la que según las predicciones los ya elevados índices de pobreza se estarán expandiendo, complicando aún más las realidades de un complicado El Salvador.

Muchas personas que se preparan para salir a buscar trabajos se llenan de ansiedad en estos momentos al pensar que llegarán a un momento que no habrá puertas que tocar para pedir una oportunidad, ello como reflejo del incipiente nivel de contratación que existe ante la depresión económica.

Solo puedo decirles que, si no consiguen trabajo en este momento, tranquilos, no se sientan mal. No es su culpa, tampoco han fracasado, ni mucho menos su vida va a terminar. Todo va a salir bien a mediano o largo plazo.

Aprovechen, en la medida de lo posible, en cambiar el “chip” de esta situación y enfóquense en estos días en encontrar cuál es su pasión (la cual se asoma con preguntarse “si el dinero no es un factor ¿qué estaría haciendo en este momento?” o ¿qué es algo que pueden hablar todo el día sin aburrirse?), en preguntarle a sus familiares sobre sus infancias y su antepasados, en leer filosofía (Séneca es un buen inicio y tan comprensible para encontrar una raíz en este mundo tan lleno de aire), así como hacer un listado de las habilidades que tienen para ofrecer (toman un papel y listan todo lo que son buenos en hacer y eso lo conectan con sus mejores cualidades, para encontrar qué servicios pueden vender).

Eso último es interesante, pues es una invitación a emprender dependiendo de nuestras propias habilidades, por ejemplo, yo ofrezco servicios legales y últimamente estoy dando un servicio interesante que es el de darle claridad al pensamiento.

Diez de las últimas 10 personas que me han llamado a pedir consejo me han dicho eso: que han obtenido claridad al hablar conmigo con sus planes de vida. Así, esta en nuestros manos estar en la gran era de desempleo, o en la era del emprendimiento. Anímese, vale la pena invertir el tiempo en usted.