A lo largo de los años la transformación digital ha avanzado a pasos agigantados. La situación excepcional derivada de la pandemia ha acelerado el proceso de digitalización poniendo en relieve tanto las fortalezas como las carencias desde todos los ámbitos: económico, social y territorial. Los sucesivos Gobiernos de España han ido adoptando programas para este avance digital en competencias digitales. El último plan ha sido denominado España Digital 2025. 

Alineados con las agendas digitales europeas, los diferentes Gobiernos del país han puesto hincapié en el avance y transformación digital de España.

Estas agendas han servido de marco para impulsar un proceso de despliegue de infraestructuras y desarrollo de un ecosistema empresarial y tecnológico en un ámbito clave para la productividad económica. Empezando por el Plan Info XXI, el Programa España.es, el Plan Avanza y, por último, la Agenda Digital para España de febrero de 2013.

Todos ellos han permitido una aproximación estratégica con una importante inversión pública y privada en este terreno.

Gracias a estos programas, España está situada en una posición muy favorable para el avance digital. Según asegura el mismo plan España Digital 2025 publicado por el Gobierno, actualmente el país cuenta con una de las mejores redes de infraestructuras del mundo, con empresas líderes en sectores tractores/salud, agroalimentario, movilidad, turismo y financiero), con ciudades modernas y con una sociedad ágil para adaptarse a los cambios.

Sin embargo, este mismo informe explica que este progreso ha sido más limitado en el caso de la digitalización de la industria y la empresa, especialmente entre las Pymes, en el ámbito de la investigación, el desarrollo y la innovación y de la capacitación digital de la población.

Tres palancas que el Gobierno ve clave de cara al futuro a la hora de mejorar la productividad, las condiciones laborales, la conectividad y de las oportunidades de desarrollo.

Por otro lado, también es preocupante la falta de una conectividad digital fiable y de calidad en áreas como el ámbito rural o en determinadas industrias. 

Esto supone la generación de brechas sociales y territoriales y condiciona la calidad de la experiencia en los destinos turísticos.