El sueño, la actividad física y la dieta equilibrada se han relacionado con la salud mental y el bienestar, pero ¿cuál de las tres tiene más peso?

Uno de los mayores deseos con los que hemos empezado el año es el de tener salud. Muchos de nosotros seguro que hemos puesto en los primeros puestos de la lista de propósitos algunos como comer más sano o hacer más ejercicio.

Sabemos que existen tres factores que se han relacionado históricamente con el bienestar físico y, sobre todo, mental: el descanso, la actividad física y la dieta. Lo que no se conoce exactamente es en qué orden influyen estos tres comportamientos en la salud y cómo se interrelacionan entre sí.

Pero ahora un grupo de investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, ha analizado las asociaciones diferenciales y de orden superior entre el sueño, la actividad física y los factores dietéticos como predictores de la salud mental y el bienestar en adultos jóvenes.

Aunque en investigaciones anteriores se han demostrado posibles relaciones sinérgicas entre los comportamientos de salud en la predicción del bienestar, también se podrían encontrar relaciones compensatorias, es decir, según el modelo una dieta equilibrada podría compensar la baja actividad física.

El sueño, el predictor más potente

En este estudio se contó con 1.111 adultos jóvenes (28,4% eran hombres) de entre 18 y 25 años de Nueva Zelanda y Estados Unidos que respondieron una encuesta en línea que evaluó la cantidad y la calidad habitual del sueño, actividad física y el consumo de frutas y verduras crudas y procesadas, comida rápida, dulces y refrescos, junto con otras covariables (incluidos datos demográficos, nivel socioeconómico, índice de masa corporal, consumo de alcohol, tabaquismo y condiciones de salud) y las medidas de los síntomas depresivos, según la Escala del Centro de Depresión Epidemiológica (CES-D) y Bienestar.

La mayoría de los participantes no tenían problemas de salud (69,8%), el 20% tomaba antidepresivos, el 6,8% se identificaba como vegetariano/vegano, el 16,6% era alérgico a alimentos y el 8,5% fumaba con regularidad. El 61% de los participantes asistían a la universidad (60,8%).

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Los resultados, teniendo en cuenta las covariables, sugirieron que la calidad del sueño era el predictor más fuerte de los síntomas depresivos y el bienestar, seguido de la cantidad de este y la actividad física. Solo un factor dietético, el consumo de frutas y verduras crudas, predijo un mayor bienestar, pero no disminuyó los síntomas depresivos al controlar las covariables.

Los investigadores concluyeron que la calidad del sueño es un factor imprescindible de predicción de la salud mental y el bienestar de los adultos jóvenes, mientras que la actividad física y la dieta son factores secundarios, pero importantes. Estos patrones sugieren que las intervenciones futuras en salud mental de jóvenes adultos podrían priorizar la calidad del sueño para maximizar su bienestar.

A lo largo de los años, se ha comprobado que un sueño inadecuado o interrumpido influye de forma negativa en la salud física y mental. Y, de hecho, constituye un factor de riesgo para la depresión y la ansiedad. En este estudio se destaca la contribución relativa del sueño, la actividad física y la dieta a la predicción de los síntomas depresivos, y los hallazgos sugieren que las futuras intervenciones en el estilo de vida dirigidas a la calidad del sueño pueden ser más beneficiosas para mejorar la salud mental y el bienestar.

“Sin embargo, no se deben ignorar la actividad física y la dieta, especialmente porque también predijeron de manera única diferencias en los síntomas depresivos (actividad física) y el bienestar (actividad física e ingesta de frutas y verduras crudas). El sueño, la actividad física y una dieta saludable deben considerarse como herramientas para promover la salud mental y el bienestar óptimos, particularmente entre las poblaciones de adultos jóvenes, donde la prevalencia de trastornos mentales es alta y el bienestar es subóptimo”, aseguran los investigadores.

Actividad física y dieta: secundarios, pero importantes

“La actividad física es el segundo comportamiento de salud modificable vinculado a una mejor salud mental y bienestar en los jóvenes”, así lo explican en el estudio. Se sabe que la actividad física libera endorfinas, hormonas que actúan como neurotransmisores y ayudan a promover el bienestar y la sensación de euforia. Otro de los aspectos comprobados es que la actividad física regular de intensidad moderada puede contribuir al tratamiento de trastornos mentales como la depresión.

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En cuanto a la dieta, la investigación ha demostrado que la adherencia a una equilibrada y saludable se asocia con un riesgo reducido de depresión y un mejor estado de ánimo.

En este sentido, la ingesta de frutas y verduras es clave para que la dieta se vincule a una mayor felicidad. Y, en esta misma línea, puede ser más beneficioso el consumo de frutas y verduras crudas que cocidas o procesadas.

Por el contrario, seguir habitualmente una dieta occidental típica, categorizada por el consumo de granos refinados, alta ingesta de azúcar y alimentos procesados ​​fritos se ha asociado con un aumento del estrés y mayor riesgo de depresión.

 

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