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En mayor o menor medida, absolutamente todos los negocios tendrán que migrar a la digitalización, ya sea para ser más ágiles como empresa o para ofrecer lo que sus clientes quieren en cuestión de mejores formas de entrega, desarrollo y cobranza de productos o servicios.

Las ventajas competitivas y de supervivencia que ofrece la digitalización son muy evidentes, pero la pregunta relevante es ¿qué pasará con los negocios que se resistan a ella? Depende mucho del giro, pero sin lugar a dudas poco a poco morirán. Para ser práctico: los que no se digitalicen van a desaparecer.

Este fenómeno lo explica de forma muy interesante el autor Geoffrey Moore en su libro Crossing the Chasm, en el que habla acerca de las diferentes etapas de la adopción tecnológica.

Para Moore existen cinco categorías:

– Los innovadores, quienes son los primeros en adoptar la digitalización porque son los entusiastas de las nuevas tecnologías disruptivas;

– Los early adopters, que son visionarios y buscan una ventaja competitiva;

– Los early majority, una mayoría que luego de que determinada tecnología ya arrojó resultados positivos deciden adoptarla;

– Los late majority, que se distinguen por adoptar nuevas tecnologías, pero mucho más tarde en comparación a sus competidores (hasta 10 años después); y

– Los laggards, quienes no quieren cambiar porque creen que su negocio funciona y funcionará bien tal y como está. Estos últimos serán el primer grupo en desaparecer.

Un ejemplo típico son las tiendas de abarrotes. La transformación digital que han tenido las llamadas “tienditas” ha sido menor, pero gradual. Algunas motivadas porque sus proveedores les solicitan hacer pedidos en línea, o porque con la creciente adopción de celulares tuvieron que implementar sistemas para vender tiempo aire; es decir, han cambiado pero no de manera radical.

Este ejemplo demuestra que muchas veces la tecnología tarda en llegar, pero hasta el menor de los negocios poco a poco la irá incorporando y eso hará que sobreviva, aunque no quiere decir que será el más innovador o el que tenga una ventaja competitiva a partir de ello.

En resumen, todos los que no quieran adaptarse van a desaparecer, los que lo hagan pronto tendrán una ventaja competitiva y los demás simplemente van a sobrevivir; sin embargo, su calidad de vida irá en detrimento. Y los laggards, que decidan no cambiar, seguro desaparecerán.

¿Quién tiene la ventaja competitiva?

Si bien es cierto que el negocio que ya incursionó en la digitalización tiene cierta ventaja competitiva, eso no lo es todo para sobrevivir. La verdadera ventaja la tiene el negocio que sí es negocio; es decir, el que está en el gusto y preferencia del consumidor, que se distingue por ser una empresa que inspira confianza y que cuenta con la lealtad de sus clientes.

A raíz de la pandemia, una de las industrias más golpeadas fue la del entretenimiento. Hablaré en específico de los cines. ¿En este sector quién tiene la ventaja competitiva? No es la cadena que tiene una butaca digital o la que transmite vía streaming, la tienen las grandes marcas, las que ya están en el gusto del público. La clave para que sobrevivan está en que se digitalicen lo suficientemente rápido como para mantener sus privilegios de mercado.

Hacer que un negocio pueda migrar hacia una estructura digital no es sencillo, pero es más fácil que crear un negocio nuevo. Por eso, para mí -aun con la pandemia-, el que tiene el negocio es el que tiene la ventaja competitiva, lo único que necesita es no dormirse y empezar a agilizar su proceso de digitalización.

Ventajas

La digitalización ofrece diversas ventajas, entre ellas destaco tres:

Eficiencia. ¿Por qué hay startups que pueden ofrecer productos y servicios de manera más rápida, más ágil o más barata? Simplemente es por eficiencia, porque cuando tu empresa no está digitalizada necesitas hasta 25 personas haciendo un Excel o guardando papeles; mientras que con la ayuda de la digitalización lo puedes hacer en cuestión de minutos. Eso es eficiencia.

Productividad. No necesariamente en el sentido de hacer más cosas en menos tiempo, sino en que te enfoques en lo que realmente es importante y que hará crecer tu negocio. Por ejemplo, muchos emprendedores ocupan su tiempo en cuestiones internas, que aunque son importantes, no son la prioridad para el desarrollo de su empresa.

Calidad de vida. Aquí hay que detenerse a pensar en ambos lados de la moneda: calidad de vida para el que se digitaliza, pero también para el que recibe el servicio de un negocio digitalizado. En general, el tema de calidad de vida tiene grandes ventajas: ahorras mucho tiempo, tienes mejores servicios, gastas menos y le puedas dar una mejor experiencia a tu consumidor.

No debes olvidar el papel que está teniendo el COVID-19 en la digitalización, ya que si bien hay un repunte impresionantemente rápido de servicios digitales a partir de la pandemia, lo que realmente lo ocasionó fue la aceleración de una tendencia que ya existía en la naturaleza humana y de los negocios. Mucho tiene que ver la confianza que como sociedad depositamos en los servicios digitales y que hace tiempo no existía.

Como consumidor, una vez que los utilizas, es muy difícil que decidas regresar a “los otros”. Entonces, esto es una tendencia natural que simplemente fue acelerada por el coronavirus.

 

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