Este artículo está dirigido a todos los que en algún momento imaginaron tener su propio negocio o llevar adelante un proyecto personal como tener una familia.

1. El cambio depende de nuestra elección

El neurótico piensa muchas veces en términos de pérdidas imaginarias y por ello, parece que quiere ganar siempre. Se enfoca más en lo que podría llegar a perder antes que en las posibles ganancias. En primer lugar, tenemos que saber que siempre que tomemos una decisión estaremos dejando algo de lado. La elección sin pérdida solo es posible en la ficción o los sueños, pero no en la realidad. Por eso, pienso que el primer paso es asumir que estar mejor es la consecuencia de nuestra decisión.

2. Releva los recursos con los que cuentas

Una buena forma de comprender de qué se trata esto es mediante la categorización de los mismos en vitales, psicológicos, económicos y sociales. Es necesario determinar el estado de nuestra salud física, dado que el cerebro piensa mucho mejor cuando su portador está sano. El principio latino de Mens Sana in Corpore Sano sigue perfectamente vigente. Luego, saber cuál es nuestro ánimo en ese momento, estando atento a sus extremos. Lo ideal sería estar equilibrado ya que si estamos tristes podríamos suponer que solo el éxito en el proyecto nos sacaría de ahí, y esta magnificación de su poder se volvería aún más aplastante. Asimismo, advertir que, si nos sentimos exultantes y eufóricos, podemos descuidar aspectos críticos del proyecto.

3. Fija correctamente las expectativas

Tanto nuestras como de la otra parte, sean posibles usuarios, consumidores de nuestro producto o servicio e incluso una potencial pareja. Una expectativa es una esperanza que combina tanto aspectos racionales como emocionales. Y pienso que es importante trabajar sobre ambos, en partes iguales.

Detengámonos el tiempo necesario para aclarar y ponernos de acuerdo tanto en relaciones comerciales como afectivas. Sobre las primeras, es fundamental que empaticemos con el cliente tanto como para conocer sus expectativas en profundidad, y luego, articularlas con lo que somos capaces de ofrecerle. No prometamos aquello que no podamos cumplir.

4. ¡No idealices!

La idealización consiste en dotar a un objeto, persona o circunstancia poderes y capacidades extraordinarias. Acción propia de las primeras etapas del pensamiento pero que luego no es abandonada en la adultez. Idealizar un emprendimiento se expresa en frases como: “Con esto nos salvamos para toda la vida”, “Va a ser el futuro de mis hijos” o “Necesito que esto ande para ser feliz”.

5. No saldrá bien a la primera

Es crucial que valoremos que la primera victoria está en el intento mismo, más allá del resultado. Premia y reconoce tu acción. Que te animaste al primer intento. Luego, llegará al momento de analizar con calma lo sucedido para que puedas ajustar y refinar todo lo necesario. Ahora, celebra…

6. No postergues más

Leí el término “procrastinación” por primera vez cuando Lacan hablaba de Hamlet. Hoy está de moda…

Procrastinar es postergar indefinidamente. Para otro día, el año que viene o simplemente, más adelante y en eso se lleva puesto desde cosas simples como cambiar una lamparita hasta cuestiones profundas como invertir en un negocio.

Una vez más, procrastinar evita saber de nuestro deseo y en esta postergación hay malestar y vivencia de no poder evitarlo. Hay compulsión a no hacer.

Actuar en conformidad con nuestro propio deseo implicará trabajo, decisión y valentía. No será ni un camino de rosas ni de espinas. Será nuestro camino y tendrá el suelo que podamos ponerle en ese momento.

 

Si deseas contratar nuestros servicios relacionados con el área de Emprendimiento, puedes ubicarnos a través del enlace:

https://emprenderte.org