Con bombo y platillos se anunció la compra a Shell de la mitad de la refinería de Deer Park en Texas.

Con bombo y platillos se anunció la compra a Shell de la mitad de la refinería de Deer Park en Texas. Por 600 millones de dólares o 12 mil millones de pesos al tipo de cambio de ahora, se adquirió el 50% de las acciones que se requerían para tener la propiedad completa del complejo.

Hay muchas razones para saber que se trata de otro pésimo negocio para el país cortesía de la Cuarta Transformación, si bien ya estamos escuchando a López Obrador ufanarse de la compra y al director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, decir —sin fundamento alguno— que, una vez entren en funcionamiento las refinerías de Dos Bocas y la de Deer Park, y queden rehabilitadas las seis existentes, se alcanzará la autosuficiencia nacional.

Mejor hubiera sido invertir ese dinero en la compra de medicamentos, vacunas o en crear un nuevo FONDEN para enfrentar los desastres naturales que usualmente golpean a nuestro país.

Pero el problema principal de la transacción no termina ahí. Esto es, no radica únicamente en hacer el gasto sin la seguridad de retorno. Lo fundamental es que se compró algo que ya teníamos.

Me explico: en los dos últimos años ¡Deer Park arrojó números rojos! En el 2019 perdió más de 1,000 millones de pesos y en el 2020 más de 4,000 millones (o dicho de otro modo, con capacidad de producción de 350 mil barriles diarios de petrolíferos, se estuvieron produciendo entre 2002 y 2019 menos de 300 mil: ¡un extravío!). Dichas pérdidas eran absorbidas, una mitad por Shell y la otra por Pemex. A partir de la compra, el único que tendrá que enfrentar la millonaria sangría es nuestra empresa insignia mexicana.

No solo eso, México, en los dos últimos años, además de los 600 millones de USD desembolsados para la adquisición total de la mencionada refinería, ha invertido más de ¡17 mil millones de pesos en ella y sin obtener ganancias!

Por si fuera poco, la baja rentabilidad de la refinería —los pocos meses en que la había— era en su totalidad para nuestro país y el control sobre las decisiones del complejo, también. Haciendo un símil, México tenía un “tiempo compartido” que usaba TODO el año, pero cuyos costos de mantenimiento eran mancomunados. Ante lo cual, ¿para qué comprar la refinería si ya la gozaba ‘del todo’, máxime cuando esos costos son cada día mayores y la rentabilidad cada vez menor? Así, más allá si la compra fue barata o cara, si la refinería rinde —y rendirá— más que Dos Bocas o no, que si fue menos onerosa que la barda de lo que iba a ser la refinería de Tula, lo que se vuelve incomprensible es ¿por qué adquirirla si nuestro país ya gozaba de sus muy escasos ingresos —dado que Shell ni siquiera le importaban ni los reclamaba— y tenía todo el control sobre su planeación y administración?

Y no, la compra de la refinería no garantiza la baja en los precios de los hidrocarburos, tampoco la soberanía energética o que los procesos para la refinación allá sean más baratos, como el gobierno federal nos quiere hacer creer. No hay ni un solo estudio que indique que así será. Tan en así, que para hacer la refinería rentable se requiere invertirle una cantidad ingente de dinero que ni la misma Shell estaba dispuesta a desembolsar.

López Obrador ha insistido que el mejor negocio de su vida fue el frenar la construcción del NAIM en Texcoco, demostrando que no tiene idea de la fuerte merma económica y de crecimiento que se perdieron con su decisión. Pues bien, la compra de Deer Park sigue la misma lógica.

En este caso se paga por una refinería vetusta que ya teníamos, de la cual ahora tendremos que asumir todos sus costos (antes compartidos) y que además, tiene su tiempo contado, al igual que lo tienen los coches de combustión interna.

Y mientras el gobierno federal y Pemex presumen como una hazaña lo que es una vergüenza, los niños con cáncer siguen sin recibir sus medicinas; las vacunas se siguen negando a los médicos privados; no hay recursos para enfrentar los desastres naturales, ni para pagarles a los guardabosques; se pierde la calificación de seguridad aérea de México.

No hay dinero para lo urgente ni inmediato, solo para comprar —con millonarias pérdidas— una refinería que ya teníamos. ¿Así o más claro?

Pues más claro: esto apunta a que se está dando en este momento y en esta administración federal lo mismo que se dio con la tan cuestionada adquisición de la compañía Altos Hornos de México. ¿Quién se está beneficiando en lo personal con la compra de esta otra chatarra llamada Deer Park? Ya habrá que seguir los dineros para averiguarlo.

 

Para contar con nuestros servicios relacionados con el área de Chatarra Industrial, solo debes ingresar al enlace:

https://disvenserca.com/productos-y-servicios