Pese al contexto de crisis e incertidumbre provocado por la pandemia, más de la mitad de los emprendedores en el último año son estudiantes.

Las nuevas generaciones, que han crecido entre crisis, anhelan una estabilidad que apenas han vivido. La pandemia les ha planteado un nuevo reto y ha vuelto a cambiar las reglas de un mercado laboral que se hace impredecible. Así lo recogen estudios como el ViacomCBS (Beyond 2020: Global Youth – Voices & Futures), donde el 81% de los jóvenes entre 18 y 24 años asegura que la pandemia les ha obligado a interrumpir sus planes este año y el 77% ha reconsiderado sus planes de futuro.

Pese a este clima de incertidumbre, los jóvenes no se rinden y muchos han encontrado en la crisis una oportunidad para materializar proyectos que han ido postergando. En España esta parece ser la tendencia, donde el perfil medio emprendedor lo conforman jóvenes de 23 años, que estudian y ponen en marcha iniciativas de impacto social.

Esta radiografía se desprende de los datos publicados por Bridge for Billions, que revelan que en el último año los estudiantes constituyen el grupo mayoritario entre los emprendedores: representan un 52% de quienes han puesto en marcha un negocio. Le siguen los empleados por cuenta ajena a tiempo completo (21%), los autónomos (13%), los empleados por cuenta ajena a tiempo parcial (7%) y los desempleados (7%). Respecto al nivel educativo, el 48% son graduados, el 27% posee un título de Máster y el 18% ha finalizado los estudios de Bachillerato. La edad media se sitúa en 23 años, más de la mitad (57%) son mujeres y el 51% procede de ciudades. Además, el 87% de los proyectos que ponen en marcha tienen impacto social, siendo las principales áreas de innovación la jurídica (18%), la moda (8%), la alimentación (6%), la Educación (5%) y la salud (5%).

«Los jóvenes de hoy día no son una nueva generación perdida, sino una generación incomprendida»

Estos datos respaldan una de las conclusiones alcanzadas por los expertos y profesionales del sector educativo desde antes de la pandemia: los emprendedores son cada vez más jóvenes y la Educación debe adaptarse para dar respuesta a esta realidad. Una cuestión que ha sido recientemente tratada en la última edición del foro de innovación South Summit, donde se ha debatido acerca de la necesidad de que el sistema educativo incorpore una cultura emprendedora desde etapas tempranas, así como del papel que desempeñan los docentes al respecto.

Cambiar la Tendencia

“Uno de los factores más importantes en el que nos debemos centrar en esta renovación del sector educativo es en cumplir las necesidades reales de los estudiantes”, defiende Wendy Kopp, fundadora de Teach For All y una de las ponentes participantes en el foro, que coinciden en que se puede enseñar a emprender en la escuela, aunque modificando antes la tendencia actual, que no impulsa las habilidades emprendedoras hasta bien entrada la etapa universitaria.

La clave estaría en fomentarlas de manera gradual, desde la Educación Primaria, algo a lo que ya insta la actual normativa europea, estatal y autonómica, que considera el emprendimiento como una competencia clave que debería integrarse en el currículo y reforzarse a lo largo de las distintas etapas.

El mercado laboral no es ajeno a la importancia de estas habilidades emprendedoras ni al enriquecimiento que brindan. Así lo asegura Adriana Ornellas, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC): 

“En los procesos de selección, las empresas tienen más en cuenta las habilidades blandas (soft skills), como el trabajo en equipo, la resolución de problemas, el liderazgo, la gestión de conflictos, la asertividad, la resiliencia, el pensamiento crítico y la adaptación al cambio”.

En su opinión, tanto estas como las llamadas competencias transversales o employability skills deben ser adquiridas a lo largo de todas las etapas del currículo escolar, para dar respuesta a las demandas de un mundo laboral cambiante, incierto y competitivo.   

Generación Incomprendida

Para Eduardo Gómez, director general de ESIC, que sorprenda que la mayoría de los emprendedores sean jóvenes, es síntoma de los prejuicios que todavía suelen atribuirse a la generación postmillennial: “Ignorantes, narcisistas, irresponsables… jóvenes que no se involucran con un proyecto a largo plazo”, lamenta, cuando, en su opinión, se trata de “una generación destinada a transformar el mundo, un mundo que vive un momento de inflexión, en el que más que nunca es importante tener otra visión de las cosas”

Para Gómez, la generación Z (los nacidos entre la mitad de la década de los 90 y mediados de los 2000) la tiene porque “su ADN incorpora valores y capacidades que no tenían generaciones anteriores, tales como la digitalidad, la creatividad, el inconformismo, el espíritu crítico, la empatía, la curiosidad, la capacidad autodidacta o la adaptabilidad”. En esta línea, muestra su convencimiento acerca de que “los jóvenes de hoy día no son una nueva ‘generación perdida’, sino una generación incomprendida”.

Falta de Estabilidad

A la incomprensión se suma la precariedad y la falta de oportunidades como factores que no se lo ponen fácil a los más jóvenes para emprender. Según la última Encuesta de Población Activa, el porcentaje de paro entre los menores de 25 años supera el 40% desde el inicio del estado de alarma. Según Zigor Maritxalar, CEO del Grupo Implika:

“La Covid plantea a los jóvenes un futuro incierto y algunos pueden convertirse en parados de larga duración”. El principal riesgo asociado a este escenario, asegura, “es el estancamiento de toda una generación, que ve relegado a un segundo plano la consolidación de su proyecto de vida”. 

“Es urgente revisar las actuales vías de entrada al mercado de trabajo, así como la capacidad que tiene el sistema educativo actual para mejorar el ajuste entre la oferta y la demanda”, concluye.

 

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