Una inmensa constelación formada por más de 5.000 artefactos sobrevuela a diario nuestro planeta. De todos esos aparatos, más de 3.000 están apagados u obsoletos. Son chatarra. Basura espacial que supone una amenaza real para la seguridad de nuevas misiones. “El problema es más acuciante que nunca”, declaró el pasado 9 de diciembre a la Agencia Europea del Espacio (ESA, en sus siglas inglesas) Luc Piguet, fundador y presidente de ClearSpace, la empresa que comenzará a recoger esa chatarra espacial en 2025.

El ‘barrendero sideral’ será un satélite bautizado como ‘ClearSpace-1’ que, una vez situado en órbita, capturará la chatarra sirviéndose de cuatro brazos robóticos. Luego, sin soltar su presa, este satélite limpiador reingresará en la atmósfera terrestre, donde se desintegrará. Tendrá una vida efímera, y harán falta muchos otros barrenderos espaciales tras él, pero no queda otra salida. “Basta imaginar lo peligroso que sería navegar en alta mar si todos los barcos perdidos en la historia aún estuvieran flotando en el agua”, explica Jan Wörner, director general de la ESA.

Aunque ahora mismo se paralizasen todos los lanzamientos de artefactos a la órbita terrestre, el peligro que supone la basura espacial seguiría aumentando. La razón es que todos esos satélites a la deriva acaban chocando unos con otros al cruzarse sus órbitas, con lo cual se desprende nueva chatarra. No sería la primera vez que pequeños restos de este tipo de basura ponen en problemas a transbordadores e incluso a la Estación Espacial Internacional.

El primer objetivo del barrendero robótico será un módulo llamado Vespa, un artefacto de carga que quedó flotando a una distancia de entre 660 y 800 kilómetros de la superficie terrestre tras un lanzamiento en 2013. Pesa 100 kilos y, según la ESA, es un “candidato ideal” para esta primera misión de limpieza.

La cuenta atrás se ha puesto en marcha. ClearSpace y la ESA tienen cuatro años para culminar la fabricación de ese robot limpiador. Sus abrazos serán letales (para la chatarra) y morirá, tras cada misión, abrazado a su presa. No sé qué pensaría mi madre, pero yo diría que hay bastante épica, y también bastante poesía, en esta misión espacial.

 

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