Los sectores automotor, electrónico y manufacturero han sido los más golpeados por una demanda global que ha limitado la producción.

Una de las peores crisis de las últimas décadas puso en jaque a cientos de industrias y a la economía misma, no solo por los cierres indiscriminados y lo que ello implicó para los sectores productivos, sino porque la reactivación comercial trajo nuevas demandas y desafíos. Hoy, se habla de una crisis de suministros de contenedores, que, entre otras cosas, ha impulsado la escasez de chips y semiconductores, afectando a industrias como la automotriz, manufacturera y, por supuesto, tecnológica, golpeando la producción de celulares y consolas de videojuegos, hecho que persistiría hasta 2023.

Lo primero que hay que entender es que el problema no se ha originado en términos de flujo de este producto o el transporte del mismo, ya que los medios están; sin embargo, una reducida cantidad de trabajadores aportando a la cadena de distribución ha hecho parte de la problemática.

“Los inventarios ya se han reducido mucho y la sustitución de importaciones tiene un límite en el corto plazo. Esto implica que el efecto se comience a evidenciar, de forma un poco más general, durante el cierre de año”, destacó Alejandro Reyes, economista principal de Bbva Research.

Adicionalmente, y siendo este el origen de todo, una demanda generalizada de estos productos ha llevado a que los grandes productores como Intel, Samsung, Texas Instruments, Nvidia, Qualcom o AMD anuncien una incapacidad para producir la cantidad necesaria de piezas a un ritmo frenético y al que no se habían enfrentado antes.

Si bien durante la pandemia se logró suplir la necesidad de tecnología suficiente para conectar y mantener comunicado al mundo mediante dispositivos electrónicos, la apertura de fábricas de producción de otra cantidad de elementos que también emplean los chips como parte fundamental de su ensamble, obligó a incrementar, sin mucho éxito, el ritmo de elaboración.

Muestra visible de la crisis son los anuncios hechos por grandes marcas como Renault, que aseguró en octubre que reduciría mucho más de lo pensado la producción de automóviles. La firma francesa fabricará alrededor de 500.000 vehículos menos, lo que equivale a casi una quinta parte de la producción del año pasado en medio de la falta de componentes. De hecho, ante la suspensión de trabajos en grandes fábricas de vehículos, las ventas en Europa parecen van a caer por debajo de los niveles más precarios de 2020.

Caso similar ha venido experimentando Volvo y Volkswagen AG, los cuales no prevén que la producción de automóviles en Estados Unidos vuelva a niveles normales hasta el segundo semestre de 2022 tras los brotes de covid-19 en Malasia que provocaron una nueva ola de problemas en la cadena de suministro.

“Sin embargo, la escasez de existencias ha provocado un aumento de los precios y un gasto mínimo en incentivos, lo que ha contribuido a mejorar los resultados de las empresas. El negocio de Volkswagen en EE.UU. obtuvo ganancias en 2020 por primera vez en ocho años”, destacó Scott Keogh, director ejecutivo de la unidad norteamericana del Grupo Volkswagen.

Otra de las compañías que ha destacado las serias consecuencias por la escasez de chips ha sido Apple, que proyectaba un recorte en sus objetivos de producción del iPhone 13 para 2021 visualizado en hasta 10 millones de unidades.

La compañía esperaba producir 90 millones de nuevos modelos de este celular para el último trimestre del año, aunque ya ha mencionado que el total será menor debido a que Broadcom Inc y Texas Instruments Inc están teniendo problemas por entregar componentes suficientes.

La otra cara de la moneda ha evidenciado unas mayores ganancias para dicho segmento. Samsung Electronics reportó que sus ganancias subieron al nivel más alto en tres años en el tercer trimestre, pese a que se espera que las utilidades caigan en el trimestre actual con los precios de los chips bajo presión, mientras que Dell registró fuertes ventas y ganancias que superaron las estimaciones en el período y dio un pronóstico alcista.

Al respecto, Jensen Huang, CEO de Nvidia, aseguró que la demanda seguirá superando con creces la oferta hasta el año que viene, y no tenemos ninguna pauta para solucionar la cadena de suministro. “Creo que estas cosas han cambiado de forma permanente y vamos a ver cómo se construyen nuevos ordenadores durante mucho tiempo. La gente está adecuando sus oficinas en casa, y el impacto de esto está en todas partes”, sentenció.

Un pronunciamiento similar hizo Pat Gelsinger, CEO de Intel, quien explicó en una conferencia para inversionistas que “el equilibrio entre la oferta y la demanda no se producirá hasta dentro de dos años”. Incluso, esta ha sido una de las empresas más tocadas teniendo en cuenta que sus productos abarcan smartphones, consolas, procesadores y tarjetas gráficas, todo al mismo tiempo.

Según Daniel Tovar, consultor de tecnología de la Universidad Javeriana, “la necesidad de cumplir con las entregas establecidas, pero especialmente de mantener conectado al mundo y funcionando las industrias, va a llevar a que naturalmente cada sector innove y busque nuevas formas de producción, empleando así otros sistemas y materias tecnológicas que faciliten la distribución en todo el mundo”.

Precios elevados por crisis de suministros

El efecto de una ausencia en un flujo regular de suministros, o lo que también se ha conocido como la crisis de los contenedores, no solo se limitará a una escasez de productos en el mercado, sino que naturalmente los precios se elevarán, lo que a su vez repercutiría en una presión inflacionaria que pondría en aprietos la economía. “Parte de lo que ocurre es que por cuenta de la pandemia, la economía se inclinó a la compra de bienes más que de servicios, lo que elevó el estrés sobre este mercado y sobre el transporte marítimo”, dijo Alejandro Reyes de Bbva Research.

 

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