Con el avance de la tecnología y tantos nuevos descubrimientos científicos, la chatarra espacial que queda en órbita ha aumentado en los últimos años. Tanta basura alrededor de la Tierra puede convertir a la humanidad en prisionera.

La chatarra espacial que queda en órbita puede convertirse en una terrible trampa, que con su desenfrenado aumento, puede encerrar a la humanidad en la Tierra, haciéndonos prisioneros de nuestra propia basura. Después de todo, no existe un «ahí fuera» para descartar todo lo que se vuelve obsoleto e inútil a los ojos del hombre.

Alice Gorman, arqueóloga espacial y profesora de la Universidad de Flinders en Australia, indica que el principal problema al que nos enfrentamos en la actualidad es la cantidad y continuidad de objetos puestos en órbita, que a menudo se rompen, dejan de funcionar o chocan entre sí, creando otros fragmentos que luego chocan con otros objetos.

Los fragmentos alrededor del planeta serán tantos que ya no será seguro realizar misiones espaciales, es decir, en el afán de explorar el universo, la humanidad puede quedar enclaustrada en la Tierra.

Nubes de basura

Siete astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) se lelvaro un gran susto recientemente cuando el 15 de noviembre se despertaron luego de que la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) iniciara un protocolo de seguridad.

La alerta provocó que los astronautas fueran trasladados a la nave espacial en la que llegaron al espacio, porque una nube de basura recién detectada pasaría cerca de la estación en la que se encontraban, lo que pondría en riesgo la vida de la tripulación.

Basura espacial

Simulación de enero de 2019 muestra la ubicación de los desechos espaciales (puntos blancos) alrededor de la Tierra. Crédito: NASA / ODPO / Disclosure.

El Pentágono confirmó que los fragmentos de la nube de basura habían sido generados por una prueba antisatélite que fue realizada por Rusia el mismo día, que el Departamento de Estado de Estados Unidos consideró irresponsable. Se estimaron unos 1500 fragmentos rastreables.

Tras el comunicado, el Ministerio de Defensa ruso aseguró que no existía posibilidad de colisión entre los fragmentos de la prueba y otros objetos en órbita, incluida la estación con los astronautas.

Humanidad en una prisión espacial

En 1978, un científico de la NASA llamado Donald J. Kessler creó una teoría que apuntaba al peor escenario que podría suceder en el espacio, que sería una serie de colisiones de escombros tan grandes que conducirían al llamado Síndrome de Kessler.

Según el científico, los desechos espaciales presentes en la órbita terrestre baja serían tantos que las colisiones entre los desechos generarían un efecto dominó. Una vez que eso sucediera, capas enteras de la órbita terrestre baja se volverían inutilizables. El problema es que los satélites que se utilizan para comunicaciones, GPS, monitoreo de la Tierra, entre otras funciones, están allí.

RIesgos reales

A pesar de tantos alertas y puntos negativos planteados, la posibilidad de que suceda algo así es aún remota. Naelton Mendes de Araújo, astrónomo de la Fundación Planetario de la Ciudad de Río de Janeiro, señala que las imágenes de simulación que muestran desechos espaciales sugieren que el planeta está prácticamente rodeado de escombros, pero que, de hecho, la gran mayoría son partes muy pequeñas, los cuales están muy separados.

 

Un tanque de aluminio del transbordador espacial Columbia fue descubierto en 2011 en Texas (Estados Unidos), cuando el nivel del lago Nacogdoches descendió en un período de sequía. La explosión que provocó la caída del tanque ocurrió en 2003 y también provocó la muerte de los siete tripulantes. Crédito: Nacogdoches / Policía de Texas (EE. UU.).

Pese a ello, el científico deja en claro que los accidentes son posibles y cita que en febrero de 2009, el satélite estadounidense Iridium 33 y el ruso Kosmos-2251 chocaron a una velocidad de 42.120 km/h, lo que provocó la destrucción de ambos y la creación de al menos mil fragmentos mayores a 10 centímetros. En 2011, la ISS necesitó una maniobra para evitar chocar con estos restos.

Los científicos no se preocupan tanto por las piezas más grandes, sino por las más pequeñas, que son mucho más difíciles de detectar, lo que las hace difíciles de evitar en una colisión con equipos en órbita.

Cómo ocupar el universo, por razones políticas o no, parece ser un gran interés de varios países, resolver el problema de los desechos espaciales también debería serlo.

Actualmente, la NASA estima que hay alrededor de 100 millones de piezas de desechos espaciales, de más de un milímetro de diámetro, a diferentes alturas en la órbita de la Tierra. Los astrofísicos temen que el número crezca sin control a medida que se lanzarán miles de satélites de empresas privadas en los próximos años.

 

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