Los precios de las materias primas aceleran su escalada, producto de la afección experimentada en las cadenas de suministro global.

Los precios de las materias primas aceleran su escalada, producto de la afección experimentada en las cadenas de suministro global, y constituyen un nuevo riesgo para la recuperación de la industria de la construcción.

A raíz del COVID-19, pero en particular la última década este negocio ha sido afectado no sólo por factores coyunturales, sino por la falta de inversión en infraestructura, mucha de la cual requiere de planes de inversión público-privada.

Adicionalmente la fragmentación de su composición en empresas de menor tamaño han evitado que logre consolidar su ruta de crecimiento. Por ende, la historia no es nueva. En la Encuesta Nacional de Empresas Constructoras (ENEC) del INEGI, el año pasado, el valor de la producción generado por las constructores experimentó una caída de 23.8% respecto a 2019.

El estancamiento obedece a la falta de un eficiente ejercicio del gasto público, en particular el desarrollado por Petróleos Mexicano (Pemex), pero también por el rezago de la edificación de obras de ingeniería civil, que se contrajo 28.4% en el mismo período, luego de que la edificación retrocediera en la proporción comentada. La Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción señaló a finales de 2020, que la pandemia influyó en la inercia negativa, de tal razón que el PIB (Producto Interno Bruto) de la construcción se desplomó 15%.

Estos números alertan sobre todo por su impacto en la actividad económica y en la creación de fuentes de empleo. El personal ocupado total descendió 19% hasta diciembre del año pasado, hecho que complica la ruta ascendente que lleve a la industria a los niveles de octubre de 2016, cuando alcanzaba su nivel más alto de actividad.

Sin embargo, detrás de estos datos de coyuntura, existe como hemos dicho otro tema que preocupa y es el aumento de precios en los insumos, es decir, los commodities que se emplean en la construcción civil, pero también en las edificaciones inmobiliarias.

Una perspectiva sobre el tema desarrollada por el área de análisis económico, proyectos y desarrollo a nivel global de Cushman & Wakefield (C&W) destaca el peso específico que tienen el diesel, la madera, el cobre y el acero.

Todos son parte estratégica en la industria y sus incrementos obedecen a la creciente demanda por el regreso, el inventario limitado y las interrupciones experimentadas en la cadena de suministro en los meses de la pandemia. La volatilidad de los productos a nivel internacional se hizo evidente en el segundo trimestre del año en curso, período en que los precios de la madera y cobre crecieron 60% respecto a 2020.

Lo mismo ocurrió con el diesel que en el mismo lapso elevó su nivel más de 151%, además del precio del cemento que pese a su eficiencia productiva, se espera crezca 4% a finales de 2021.

En dicho análisis se destaca el esfuerzo que realizaron contratistas generales en distintos mercados para absorber parte de los incrementos en precios, ante la limitación de proyectos activos en el mercado durante el distanciamiento social.

Sin embargo, lo ocurrido en el segundo trimestre se ve como la antesala de una transferencia de aumentos de precios a los clientes, es decir, desarrolladores, inversionistas y finalmente al consumidor de espacios.Son tiempos complejos por venir que requerirán de ingenio, pero sobre todo alternativas y soluciones en la operación de obra, que hagan eficiente el desarrollo en el negocio que aún no termina de entender las nuevas estructuras de operación en los espacios.

 

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