Una actividad que nació como un hobbie se convirtió en el emprendimiento de Yatzury Quiroz, una venezolana que llegó a Chile a trabajar día a día por su futuro y el de su hija pequeña. La ingeniera encontró en el mundo de la moda la oportunidad para salir adelante elaborando turbantes en todos los estilos y para todas las edades.

Quiroz se propone hacer llegar turbantes a una fundación en Venezuela de mujeres con cáncer. Foto: Crónicas de Chile

La historia como migrante de Yatzury Quiroz, ingeniera industrial graduada en la Universidad Rafael Belloso Chacín, de Maracaibo, estuvo marcada por la adversidad y ahora por el éxito. Quiroz emigró a Santiago de Chile en 2016 y como muchos pasó numerosas noches sobre un colchón flotante.

«De trabajar como ingeniera ocupacional en Sanitas Ocupacional y teniendo como cliente principal Mercantil Banco y Seguros, con atención en todas las sucursales del occidente del país (Zulia, Falcón y Trujillo) y asesorando en seguridad y salud laboral, llegué a Chile a trabajar como secretaria en un consultorio», recuerda.

Yatzury quedó embarazada. Tuvo a una hermosa princesa llamada Isabel, y los planes en su mente eran ‘claros’ y cuadrados, como buena ingeniera. «Ella iría a la guardería y yo seguiría trabajando y buscaría laborar como ingeniera, pero no resultó así…», cuenta.

Su bebita fue a la guardería, pero se enfermó excesivamente del sistema respiratorio y Yatzury pasó por cuánto médico había. Además tuvo un postparto caótico en el que hasta lechina le dió a ambas.

Después de estar de licencia extendida por la salud de su pequeña y su propia salud mental, presa de la ansiedad, renunció a su trabajo y como hobbie empezó a hacerle turbantes a su bebé. «Comencé con 10 mil pesos que era lo que tenía. Todo inició empíricamente y fui ofreciendo a vecinas, amigas y así en medio las vicisitudes de la salud de mi hija, creé Mi Turbante @miturbante «, detalla.

Muchos no creyeron en su emprendimiento e incluso lo cuestionaron. «Fueron días de angustia para mi, ya que la salud de mi hija no mejoraba y escuchaba cosas como: ‘Los niños se enferman y es normal, ¿cuándo vas a buscar un trabajo?’, ‘Y te vas a quedar en casa?’, ¿’Y tu siendo ingeniera por qué no buscas ejercer en Chile?’, ‘¿Y aquí quién va a comprar turbantes?… entre un montón de comentarios más.

“A veces lo peor que te pasa es lo mejor que te puede pasar”, sostiene Quiroz y refiere que alguna vez leyó esta frase por ahí y se le quedó grabada. Se sintió muy identificada. Lo cierto es que su proyecto despegó. Hoy confecciona hermosos turbantes, cintillos y lazos para todas las edades. Los elabora desde su domicilio en la comuna de Independencia, Región Metropolitana de Santiago, pero con envíos a todas las regiones de Chile.

Entre sus clientes destacan además, pacientes de quimioterapia, personas con alopecia y trabaja en hacer llegar turbantes a una fundación en Venezuela para que mujeres con cáncer puedan tener la oportunidad de lucirlos.

Su sueño es llegar a numerosas tiendas en Chile, Venezuela y el mundo. «Queremos seguir creciendo y creando excelentes experiencias, y que toda niña/mujer que los use se sienta especial y única. Quisiéramos que en distintas tiendas puedas encontrar @miturbante. Además, hemos incorporado accesorios para caballeros y así seguir innovando, para que ellos también se sientan incluidos y especiales en nuestra comunidad».

 

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