La cantidad es mayor en grandes urbes, como la ciudad de Córdoba. Hay alternativas, aun escasamente exploradas, para una correcta gestión y reciclaje, en busca de reducir su impacto.

Probablemente tengas acumulados en algún lugar de tu casa cables, celulares y electrodomésticos que el uso y el tiempo dejó inútiles. Así pasan a ser residuos eléctricos o electrónicos (RAEE). Pero lejos de descartarlos, los guardamos a pesar de que ya no pueden cumplir sus funciones o simplemente dejamos de usarlos.

Por un lado, es habitual que la industria eléctrico-electrónica establezca de manera intencional un límite en la vida útil de estos productos. Aunque también aparece la obsolescencia psicológica, motivada por la publicidad, la innovación y la moda, que incentivan que un producto se reemplace por otro “nuevo” o “mejor” cuando aún nos es funcional.

Actualmente en Argentina, según datos oficiales, al año se generan unas 465 mil toneladas de este tipo de “chatarra”. A partir de esa cifra, se puede estimar que cada habitante “produce” 13 kilos por años.

IMPACTOS

Según un estudio de 2020 del Observatorio Mundial de Residuos Electrónicos, de casi el medio millón de toneladas de RAEE en Argentina, el 60 por ciento termina en basurales o rellenos sanitarios, mientras que la proporción de elementos que son recuperados o reciclados es sólo del cinco por ciento.

La generación de RAEE no es uniforme en todo el territorio nacional. En ámbitos urbanos y grandes ciudades, como Córdoba, la cantidad de residuos electrónicos por habitante puede ser muy superior.

La producción de esos desechos involucra bienes naturales no renovables cuya disponibilidad es escasa y su extracción de por sí ya genera un impacto ambiental. Entre estos materiales, se puede encontrar cobre, aluminio, zinc, magnesio, cromo, níquel, oro, plata, y otros metales.

Contenedor de residuos electrónicos en el CPC Arguello (Ramiro Pereyra / La Voz).

El acceso a esas materias primas, cuya explotación es cada vez más difícil, se realiza a través de industrias mineras e hidrocarburíferas, muchas veces con métodos de extracción agresivos que generan grandes impactos ambientales, destruyen ecosistemas, consumen enormes cantidades de agua y de energía, y utilizan sustancias químicas que pueden ser contaminantes para agua, suelo y aire.

Por otro lado, algunos RAEE contienen sustancias peligrosas necesarias para su funcionalidad, que al liberarse pueden ser perjudiciales para la salud humana y para el ambiente. Por eso, su manipulación, gestión y descarte responsable son necesarios.

En escenarios de ausencia de gestión, los RAEE acaban llegando a rellenos sanitarios, basurales a cielo abierto o servicios de incineración, todas situaciones de alto riesgo ambiental.

A su vez, no aprovechar el valor de los materiales que se encuentran en estos residuos implica un desperdicio de materias primas y de energía. Muchos se pueden extraer y reutilizar en otros procesos productivos, evitando los costos ambientales, sociales y económicos que hubiera ocasionado su extracción.

¿QUÉ PUEDE RECUPERARSE?

Si la gestión de los RAEE se realiza de manera correcta, en el camino del reciclaje se recuperan metales ferrosos y no ferrosos: chatarra de hierro, aluminio y cobre, plástico, vidrio, plaquetas o circuitos impresos.

Las partes que no pueden tener un destino como nueva materia prima o que revisten peligrosidad son enviadas a su disposición final a empresas de tratamiento de residuos industriales o peligrosos, según corresponda, o a rellenos sanitarios y basurales.

“Es importante la recepción de los aparatos fundamentalmente porque evitamos que anden circulando por la vía pública componentes contaminantes, y es necesario que no se los tire con la basura domiciliaria, porque no es lo óptimo”, explica Jorge Folloni, secretario de Gestión Ambiental y Sostenibilidad de la Municipalidad de Córdoba.

Existe un servicio gratuito de recepción de estos desechos en la ciudad de Córdoba. Los puntos actuales se encuentran en los CPC (Argüello, Monseñor Pablo Cabrera, Centro América, Rancagua, Pueyrredón, San Vicente, Empalme, Villa Libertador, Ruta 20, Colón, Guiñazú y Mercado Norte).

Contenedor de residuos electrónicos en el CPC Monseñor Pablo Cabrera (Ramiro Pereyra / La Voz).

Allí se reciben aparatos como componentes de computadoras, monitores, impresoras, teclados, mousespendrives, teléfonos, celulares, auriculares, televisores, radios, parlantes, equipos de sonido y baterías de litio, entre muchos más.

Se pueden llevar residuos electrónicos de lunes a viernes de 9 a 13. También se reciben lámparas, tubos fluorescentes, cartuchos de tóner, baterías de plomo y/o UPS.

Las pilas alcalinas (AA, AAA) son un caso particular: se recomienda desde la Secretaría de Ambiente no acumularlas, sino desecharlas de manera individual o en pocas cantidades con los residuos secos domiciliarios. “Este tipo de pilas se transforman en un residuo peligroso cuando hay un alto volumen acumulado”, señala Folloni.

Los residuos electrónicos receptados son posteriormente trasladados por la empresa ProGeas, autorizada para transportar este tipo de materiales, y que se encarga de tratarlos de manera responsable.

En la planta son desguazados y desarmados para contribuir con los principios de la economía circular de reutilización y reciclaje.

Otra opción es recurrir a Cyclear: se trata de una iniciativa de agentes de cambio que se dedica a la recepción y reciclaje de residuos inorgánicos secos en general, y entre ellos residuos electrónicos.

Trabajan a través de puntos de recolección donde, en primer lugar, se debe adquirir una “bolsa mágica” para juntar los residuos. Cuando la bolsa se llena, está lista para devolverla a los puntos asignados.

Posteriormente, Cyclear se ocupa de que lleguen a su planta de tratamiento y reciclaje. Los materiales que reciben son residuos de electrónica, plásticos, cartón, vidrio, lata, aluminio, papel y tela.

Cuentan con alrededor de 59 puntos de recolección en toda la ciudad de Córdoba. Se puede consultar cada zona en su instagram: @cyclearcba.

En el caso de los residuos electrodomésticos, como lavarropas, heladeras, secarropas y otros, son recogidos por la empresa recolectora de residuos encargada de cada zona en la ciudad. Para acceder al servicio es necesario programarlo a través de varias vías de contacto con la empresa.

En la zona centro que opera Lamsa, hay que llamar al 0800 555 52672; en la zona centro de Urbacor, al 0800 777 8722; y en la zona sur de Lusa, al 0800 888 5872.

LA “SOLUCIÓN”

Si bien los programas para reducir la cantidad de RAEE son un aporte, el verdadero trabajo estaría en concientizar a la sociedad del consumismo que lleva a desechar volúmenes exagerados de residuos.

Un consumo consciente es también el camino más viable para contribuir de manera efectiva y sustentable con el ambiente.

 

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