En contra del conocimiento popular, el acero no es un metal sino una aleación ferrosa, es decir que aunque tiene propiedades metálicas, en estricto sentido es una aleación de hierro y carbono. El hierro, por su parte, sí es un metal, pero la gran diferencia entre el hierro y el acero es que esta aleación es mucho más resistente que el metal que lo compone.

Además de su fortaleza y resistencia, el acero tiene una gran ventaja: es altamente reciclable sin prácticamente pérdida de calidad en el proceso y sin importar su uso previo. Gran parte de la nueva producción de acero incluye tanto mineral de hierro, proveniente de las minas, como acero fundido, proveniente de chatarra. Su desventaja es que, por su resistencia, el acero permanece mucho tiempo en su lugar, por lo que la tasa de reciclaje solo alcanza para cubrir un 30% de la demanda total.

No es de sorprender, entonces, que el acero sea casi ubicuo en nuestras vidas —desde los cuchillos y cubiertos de acero inoxidable en nuestras casas hasta las estructuras de nuestros hogares. Lo mismo lo podemos ver en pequeños tornillos y clavos que en torres de transmisión y en las turbinas de un aerogenerador.

Por ello, la industria del acero es una de las industrias más importantes de la economía mundial y para el sector energético. En los últimos 50 años, la producción global de acero se ha triplicado y se proyecta que aumentará un 30% más para 2034.

Pero, ¿cuál es el impacto de la industria del acero en el cambio climático?

Sabemos que el sector energético representa alrededor de 73% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Estas pueden desagregarse en cuatro grandes grupos:

  1. energía utilizada en la industria
  2. energía utilizada en edificios y viviendas
  3. energía para el transporte
  4. energía desperdiciada o asociada al proceso productivo del petróleo

En términos de aportaciones, la energía utilizada en el sector industrial representa 24%; la energía en edificios, viviendas y comercios, 18%; la aportación de la energía para transporte terrestre, marítimo, aéreo y férreo que representa es de 16%. En tanto, la energía desperdiciada y las emisiones fugitivas de la industria petrolera suman 15%.

Considerando estos datos, la industria del acero representa por sí sola 7% de las emisiones totales a nivel mundial. Esto equivale a 10% del total de las emisiones del sector energético y 30% de las emisiones totales del uso energético industrial. Es, por centro de consumo, el mayor emisor de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Por esta razón, y por el crecimiento en la demanda en los años venideros, es que la idea del acero verde ha tomado fuerza en fechas recientes.

¿Qué es el acero verde?

A grandes rasgos, el acero se produce en dos formas: por medio de un horno de oxígeno básico o por un horno de arco eléctrico.

El primero representa 70% de la producción total de acero y utiliza mineral de hierro, carbón y algo de acero reciclado. El segundo método, que representa el 30% restante utiliza electricidad y acero reciclado que se funde para crear acero de la misma calidad.

El acero verde es la idea de que estos métodos de producción pueden hacerse neutros en emisiones de carbono. El segundo parece el más sencillo pues implicaría producir suficiente energía eléctrica con fuentes renovables y almacenarla para un proceso altamente intensivo en la fundición con horno de arco eléctrico. El primero implica sustituir al oxígeno con hidrógeno verde como reductor.

En ambos casos, el hidrógeno verde puede jugar un papel de suma importancia en la descarbonización de la industria del acero, por un lado en almacenamiento de energía renovable y por otro lado como agente reductor en los hornos convencionales. Lo cual da, por sí mismo para un artículo futuro.

 

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