El rey Felipe VI da el discurso inaugural del South Summit 2021 en Madrid. Efe

El rey Felipe VI da el discurso inaugural del South Summit 2021 en Madrid. Efe

No cabe duda de la estrecha relación que existe entre la innovación y los derechos de propiedad industrial e intelectual. La posibilidad de explotar el resultado de la investigación ha sido siempre un incentivo para para quienes deciden invertir en ciencia y tecnología. Por ello, sorprende que aún hoy haya organizaciones innovadoras que ven esta protección como un gasto preventivo al que hacer frente sólo con el fin de defenderse ante un posible conflicto, en lugar de como aquello que es: una inversión que puede convertirse en una importante fuente de ingresos para la empresa.

Estos días se ha celebrado en Madrid una nueva edición de South Summit, uno de los mayores encuentros internacionales del ecosistema innovador, en el que cada año convergen grandes empresas, inversores y algunas de las startups más punteras del mundo. El encuentro ha tomado el pulso al emprendimiento y la innovación de nuestro país, que parece encontrarse en un buen momento. Por ello, sorprenden datos como que sólo un 10% de las startups españolas protegen su innovación mediante propiedad industrial e intelectual.

La falta de cultura en torno a estos derechos no es nueva, pero no deja de ser llamativo que ésta se haya prodigado aún más entre empresas jóvenes e innovadoras con modelos de negocio basados en tecnología. Estas empresas suelen ser, además, pioneras en el desarrollo de software y algoritmos cuyas vías de protección no tienen siempre claras sus creadores. También se trata de organizaciones muy proclives a participar en proyectos colaborativos, en los que resulta esencial tener claro qué información y hasta dónde se comparte con terceros. Así, para las startups, la propiedad intelectual e industrial es un asunto vehicular, que puede llegar a comprometer la supervivencia misma del negocio antes incluso de salir al mercado.

La principal razón por la que muchas de estas empresas no protegen ni gestionan sus patentes, marcas, secretos empresariales u otros activos suele ser una falta de visión sobre su valor y su utilidad. También no haberse informado sobre cuál es el mejor momento para proteger -¿al principio? ¿al final? ¿antes o después de compartir mi innovación en proyectos de innovación abierta?-. Algunos emprendedores desconocen que la propiedad industrial e intelectual uno de los aspectos que más van a valorar sus potenciales inversores, básico para acceder a fondos europeos, en series A y en operaciones de M&A. También es clave a la hora de participar en procesos de co-creación o pilotos, donde ir sin protección nos expone a que terceros puedan aprovecharse de nuestra innovación.

En definitiva, la propiedad intelectual e industrial se considera, erróneamente, una suerte de “guinda del pastel”, en lugar de la base para conseguir que nuestra innovación genere ingresos y rentabilidad y uno de los aspectos esenciales del plan de negocio en cualquier proyecto donde la innovación y la tecnología juegan un papel esencial.

Afortunadamente, el coste de acceder al registro de algunas de estas figuras ya no debiera de ser una excusa. En primer lugar, porque existen ayudas en nuestro país para facilitar a pymes y emprendedores el uso de la propiedad industrial. En segundo lugar, porque existen, en algunos casos, fórmulas alternativas y más económicas para proteger innovaciones, más económicas. Y por último y más importante: cualquier inversión realizada en este ámbito de manera estratégica debería proporcionarnos un retorno muy superior.

En la otra cara de la moneda, España cuenta con algunos ejemplos muy exitosos de startups que han sabido ver la propiedad intelectual de un modo estratégico y han logrado el éxito gracias -al menos en parte- a ella. Algunas, incluso, logrando que la mayoría de sus ingresos procedan de su PII, por ejemplo, a través de las licencias (exclusivas y no exclusivas) de sus patentes a terceros.

Por todo ello, es esencial que desde estas empresas jóvenes innovadores se siga tomando conciencia de la importancia de la PII. Y que desarrollen una estrategia destinada a explotarla antes de lanzar cualquier nuevo producto, proceso innovador o tecnología al mercado. De ello depende su supervivencia a medio o largo plazo y, por tanto, también la buena salud de nuestro ecosistema emprendedor.

 

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