La necesaria transición a las energías renovables para hacer frente a la crísis climática exige el desarrollo de las infraestructuras que permitan este cambio, y esto requerirá importantes recursos y generará grandes volúmenes de residuos, a medida que los equipos lleguen al final de su vida útil. La aplicación de los principios de la economía circular a este desarrollo ofrece un enfoque que beneficia a todos, según un reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).

La introducción de requisitos de diseño ecológico más estrictos, un mayor énfasis en la reparación y la mejora, objetivos de reciclado específicos de los materiales… Todo ello ayudará a  afrontar los retos de los residuos y los recursos que demanda el despliegue de las energías renovables y respaldar su sostenibilidad. Así se señala en el informe Flujos de residuos emergentes, en el que la AEMA afirma que «la Unión Europea tiene una oportunidad única para anticiparse a este cambio y, desde una fase temprana, introducir políticas que apliquen los principios de la economía circular a este sector emergente».

Entre los mensajes clave del informe, figuran los siguientes:

• Los residuos derivados del desarrollo y el uso de infraestructuras de energías renovables son ricos en recursos e incluyen elementos de tierras raras, así como otros materiales valiosos como el acero, el cobre y el vidrio.


• El rápido ritmo de desarrollo tecnológico hace que los equipos puedan quedar obsoletos con relativa rapidez y generar flujos de residuos complejos, lo que plantea retos técnicos y logísticos para la gestión de estas infraestructuras al final de su vida útil.


• La recuperación de materiales y su reintroducción en el ciclo de producción se enfrenta a desafíos: una logística compleja (grandes volúmenes y materiales que a menudo deben recuperarse en lugares remotos); un diseño que no tiene en cuenta el final de la vida útil o la reciclabilidad; y la presencia de sustancias peligrosas.


• Los responsables políticos y la industria pueden abordar los retos que supone todo ello a través de enfoques de economía circular, como el diseño ecológico, objetivos de reciclaje de materiales específicos y los sistemas de responsabilidad ampliada del productor.


Solar Fotovoltaica, Eólica y Almacenamiento 


El estudio de la AEMA se centra, especialmente, en la generación de residuos relacionada con estos tres tipos de infraestructuras energéticas. Señala, en primer lugar, que aunque actualmente es bastante baja, ya que las instalaciones son relativamente nuevas y, en general, no han agotado aún su vida útil, los residuos procedentes de estas infraestructuras experimentarán un aumento espectacular en el futuro, por lo que requieren la atención inmediata de los responsables políticos.

En el caso de la fotovoltaica, indica que el 95% de los materiales (vidrio, cobre, aluminio…) pueden ser reciclados, pero esto no significa que se pueda hacer fácilmente. El informe de la agencia europea señala que los retos más importantes, tanto en términos económicos como tecnológicos, son la deslaminación, la separación del silicio del vidrio o de la película fina y su purificación.


Otros reto para el reciclaje de módulos fotovoltaicos deriva de la presencia de sustancias peligrosas en ellos, como el cadmio, el arsénico, el plomo, el antimonio, el fluoruro de polivinilo y el fluoruro de polivinilideno. La AEMA indica que también puede haber problemas de acceso para trabajar en los paneles instalados en altura, algo que a menudo no se prevé en la fase de diseño de los sistemas fotovoltaicos.

También el 90% de los materiales utilizados en la eólica pueden reciclarse (acero, aluminio, cobre, hierro fundido, hormigón..). Los generadores de imanes permanentes incluyen, además, materias primas críticas (neodimio, praseodimio, boro, disprosio y niobio) que podrían hacer rentable su reciclaje, en función de la concentración que haya de ellos.

En cuanto a las palas, se fabrican con materiales ligeros, como la fibra de carbono, la fibra de vidrio y materiales compuestos, que también se pueden recuperar. Para ello, es necesario avanzar en infraestructuras y seguir investigando posibles salidas para estos materiales como, por ejemplo, usarlos en barreras antirruido o en sistemas de aislamiento térmico.

El enorme tamaño de las palas de los aerogeradores es otro reto ya, que puede hacer que los costes de transporte sean prohibitivos para los trayectos hasta las instalaciones de reciclaje (probablemente situadas lejos), advierten desde el organismo europeo.

Respecto a las baterías, la AEMA señala que todos los metales utilizados en ellas pueden reciclarse. El cobalto y el níquel podrían ser lo suficientemente valiosos como para que el reciclaje sea rentable, dependiendo de los niveles de precios y de las cantidades de ellos que haya en las baterías. El aumento de la circularidad podría, además, apoyarse mediante un diseño modular/estandarizado para promover la refabricación; y una mejor información sobre el contenido de los materiales de alto impacto.

A día de hoy, este es un campo en el que también queda mucho por hacer. Faltan tecnologías de reciclaje de baterías y capacidad para hacerlo a gran escala en Europa. Existe, además, una gran variedad de diseños de baterías, que requieren enfoques logísticos específicos y diferentes; y la infraestructura para transportar y almacenar el creciente número de baterías de desecho es insuficiente.

La eficiencia económica del reciclaje de las baterías puede ser, además, difícil de conseguir, debido a la fluctuación de los valores de los materiales, según advierten desde la AEMA, que también pone el acento en la seguridad que exige este tipo de trabajos. Un exigencia más que puede hacer que la logística y el  reprocesamiento resulten caros.

Los datos que maneja la agencia europea son que, para el año 2030, la chatarra fotovoltaica habrá crecido más de un 3.000%, la generada por la eólica en más de un 200% y la asociada al almacenamiento en pilas, más de un 600%.